Para muchos, la ansiedad implica no comer y para otros, darse atracones. La ansiedad afecta a millones de personas en todo el mundo y puede o no tener factores biológicos, como también puede ser circunstancial. Los síntomas en ocasiones llegan a ser debilitantes y a afectar la vida diaria. Afortunadamente, existen tratamientos efectivos que pueden ayudar a controlar los síntomas de la ansiedad, y algunas de esas herramientas son la alimentación y la nutrición. Ya sea dulce, salado o ambos, la comida juega un rol importante en nuestra salud mental.
Múltiples estudios han demostrado que ciertos nutrientes y patrones alimenticios pueden influir en los niveles de ansiedad y, por lo tanto, pueden ser una herramienta valiosa en la lucha contra la ansiedad. Una dieta equilibrada y rica en nutrientes esenciales puede ayudar a prevenir y tratar los síntomas de ansiedad. En esta ocasión estaremos abordando lo más renombrado por los expertos de la nutrición.
Se ha evidenciado que, la vitamina B, el magnesio y el ácido fólico son algunos de los nutrientes que pueden ayudar a combatir la ansiedad. La vitamina B es esencial para la salud del sistema nervioso y puede ayudar a reducir los síntomas de ansiedad y estrés (Jacka et al., 2010). El magnesio también es importante para la salud del sistema nervioso y puede ayudar a reducir los síntomas de ansiedad (Eby & Eby, 2006) en adición, ayuda a absorber y retener los nutrientes. Por otro lado, el ácido fólico puede ayudar a prevenir la ansiedad al mejorar la salud del cerebro y regular los niveles de homocisteína (Coppen & Bailey, 2000).
Además de los nutrientes esenciales, se dice que una dieta equilibrada y anti-inflamatoria puede ser muy útil para combatir la ansiedad. Algunos alimentos anti-inflamatorios, tales como: frutas, verduras, nueces y pescado, pueden ayudar a reducir los síntomas de ansiedad (Jacka et al., 2011).
Por otro lado, una nutrición inadecuada también puede aumentar los niveles de ansiedad y con cuanta frecuencia nos ocurre esto. Una vida acelerada con tantas responsabilidades en ocasiones nos lleva a saltarnos comidas, comer mientras hacemos otras tareas, elegir "chucherías" o comidas chatarras sólo para tener algo en el estómago y porque es lo más que se ajusta al momento. Los expertos comentan que la ingesta insuficiente de proteínas y grasas saludables puede aumentar los niveles de ansiedad (Jacka et al., 2011). Además, por si fuera poco, la ingesta excesiva de azúcares y grasas también pueden aumentar los niveles de estrés y ansiedad (Sánchez-Villegas et al., 2012). ¡Con razón hay millones de personas ansiosas!
Es importante recalcar que, la ansiedad es compleja y que puede ser causada por muchos factores diferentes, incluida la alimentación y la nutrición. Por lo tanto, es importante trabajar con un profesional de la salud mental para desarrollar
un plan de tratamiento completo que aborde todas las causas potenciales de la ansiedad.
Sin embargo, incorporar una dieta equilibrada y rica en nutrientes esenciales puede ser una parte importante del plan de tratamiento y ayudar a mejorar los síntomas de ansiedad.
Es importante tener en cuenta que no hay una dieta única que sea adecuada para todas las personas con ansiedad. La nutrición y la alimentación pueden afectar a cada persona de manera diferente, por lo que es importante trabajar con un profesional de la salud para desarrollar un plan de alimentación personalizado.
Finalmente, es importante recordar que la alimentación y la nutrición no son la única solución para la ansiedad. La terapia, la meditación y otros tratamientos pueden ser igualmente efectivos en el manejo de la ansiedad. Por lo tanto, lo ideal sería trabajar con un equipo multidisciplinario para desarrollar un plan de tratamiento completo que incluya la alimentación y otros tratamientos efectivos.
Si te consideras una persona con ansiedad o te ha sido diagnosticado este trastorno, consulta con tu equipo de profesionales de la salud el incorporar cambios en tu alimentación. Una vida en bienestar es posible y es para ti.
Nota:
No se brinda terapia, ni asesoramiento en un rol clínico, y se siguen las regulaciones legales y éticas apropiadas para respetar las normas de la profesión, garantizando así la seguridad del lector. Los recursos de apoyo aquí provistos se realizan con fines estrictamente educativos, de orientación y no con fines diagnósticos, psicoterapéuticos o de consejería. Se utilizan los datos recientes más pertinentes ejerciendo el nivel más alto de juicio y discernimiento profesional. Por lo tanto, no sustituyen una sesión terapéutica, evaluación, diagnóstico o tratamiento profesional.
Referencias:
Coppen, A., & Bailey, J. (2000). Enhancement of the antidepressant action of fluoxetine by folic acid: a randomised, placebo controlled trial. Journal of affective disorders, 60(2), 121-130.
Eby, G. A., & Eby, K. L. (2006). Rapid recovery from major depression using magnesium treatment. Medical hypotheses, 67(2), 362-370.
Jacka, F. N., et al. (2010). The association between dietary pattern and mental health in community-dwelling adults: The Hordaland Health Study. Psychological medicine, 40(3), 555-563.
Jacka, F. N., et al. (2011). Dietary pattern and depressive symptoms in women. British Journal of Psychiatry, 198(4), 286-292.
Sánchez-Villegas, A., et al. (2012). Fast-food and commercial baked goods consumption and the risk of depression. Public health nutrition, 15(3), 424-432.
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