El siglo XX trajo cambios a la estructuración familiar, pues desarrollamos más conciencia de los retos que enfrentaban y continuan enfrentando las familias. Es muy común ver niños(as) producto del divorcio o la separación de sus padres, pues, estadísticamente hablando, la tasa de divorcio en algunos países ya supera el 55%. En cuanto al porcentaje de niños que provienen de familias separadas o divorciadas varía ampliamente entre países, yendo desde menos del 5 por ciento hasta más del 30 por ciento.
Aunque los retos de la separación suelen ser dolorosos o conflictivos en el mayor de los casos para los adultos, quienes se ven implicados y afectados en su desarrollo son los hijos. No obstante, es importante resaltar que en algunos casos, las separaciones son necesarias y traen bienestar a sus integrantes pues la disfunción no es saludable; cada caso es único por más similar que parezca.
Usualmente, el cuidado principal de los menores recae en una de las partes y vemos a este adulto abrumado; mayormente a mamá. Se vuelve responsable no sólo de las atenciones, sino del cuidado de la salud, de cubrir las necesidades básicas, de proveer economicamente y de compartir su tiempo para evitar carencias emocionales lo más posible. Uno de los padres carga con la imagen del divertido ante sus hijos y el otro, quien impone las reglas (casi siempre quien custodia). Entonces, no se percibe un balance y una responsabilidad equitativa entre ambas partes aún cuando la ley asigne una custodia compartida al 50 por ciento.
La mayoría de los estudios ha demostrado efectos negativos en los hijos que provienen de un divorcio o una separación, con implicaciones negativas. Estas pueden incluir problemas de autoestima, ansiedad, depresión, problemas conductuales y dificultad para adaptarse en el hogar y/o en la escuela. Sin embargo, esto no es inevitables y hay estrategias que los padres pueden implementar para ayudar a sus hijos en esa transición familiar.
En primer lugar, es importante mantener una comunicación abierta y honesta con los niños sin importar la edad, aunque considerando la misma con relación al tipo de información que se les va a compartir y la manera en que se llevará a cabo el mensaje. Ambos padres deben ser conscientes de que sus hijos necesitarán apoyo emocional durante este proceso y deben estar disponibles para responder a sus preguntas y preocupaciones, cuidando los comentarios despectivos hacia el otro progenitor. También es importante tratar de mantener una relación positiva, aunque sea con relacion a la crianza de sus hijos, con la otra parte, ya que esto puede ayudar a los niños a sentirse más seguros.
En segundo lugar, es importante e incluso esencial, mantener una rutina estable para los niños. Los padres deben tratar de proporcionar un ambiente estable para los niños, minimizar el estrés y la incertidumbre en el hogar.
En tercer lugar, resulta positivo el involucrar a los niños en la toma de decisiones. Es importante que los niños sepan que tienen un rol en la toma de decisiones, en asuntos que le competen y que sus opiniones y sentimientos son válidos. Esto les ayudará a sentirse más en control de sus vidas y les proporcionará un sentido de estabilidad.
Finalmente, es importante buscar ayuda profesional, aún cuando pudieramos considerar que no sería necesario. Los niños pueden beneficiarse de trabajar con un terapeuta que pueda ayudarles a procesar sus emociones y adaptarse al cambio. De igual manera, los adultos, pudieran trabajar en su sanidad interior para evitar que se repitan ciertos patrones en próximas relaciones y porque la salud mental debe ser una prioridad.
Si te sientes en esa posición en donde desearías mejorar el proceso de transición de tus hijos tras la separación o incluso, tomar el control de tu vida en esta nueva etapa, no estás solo(a). Da un paso adelante e inicia la conversación.
Nota: No se brinda terapia, ni asesoramiento en un rol clínico, y se siguen las regulaciones legales y éticas apropiadas para respetar las normas de la profesión, garantizando así la seguridad del lector. Los recursos de apoyo aquí provistos se realizan con fines estrictamente educativos, de orientación y no con fines diagnósticos, psicoterapéuticos o de consejería. Se utilizan los datos recientes más pertinentes ejerciendo el nivel más alto de juicio y discernimiento profesional. Por lo tanto, no sustituyen una sesión terapéutica, evaluación, diagnóstico o tratamiento profesional.
Referencias:
López, M. (2013). Efectos del divorcio en los niños. Redalyc. https://www.redalyc.org/pdf/997/99750534003.pdf
Ryapsicologos. (s.f.). Divorcio y niños. https://www.ryapsicologos.net/articulos-de-psicologia/
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